
WordPress mueve cerca de cuatro de cada diez webs del mundo, y esa cifra hace que mucha gente lo elija sin preguntarse nada más. Este artículo compara las dos opciones criterio a criterio: velocidad, mantenimiento, seguridad, propiedad y coste a tres años. Spoiler: para la web de una pyme que no publica cada semana, el código propio gana en casi todos.
La respuesta corta
Si tu web es la cara de tu negocio (servicios, proyectos, contacto) y no vas a publicar contenido nuevo cada semana, una web programada a medida es mejor opción en casi todo lo que importa: carga en menos de un segundo, no tiene panel expuesto a internet, no depende de quince piezas de autores distintos y no te obliga a pagar una cuota mensual para que no se rompa.
WordPress sigue teniendo su sitio, y lo contamos al final sin adornos. Pero conviene entender que su gran ventaja (poder publicar tú mismo desde un panel) solo compensa si de verdad vas a usarla mucho. Si tocas la web tres veces al año, estás pagando cada mes por una comodidad que apenas usas, y cargando con todos sus inconvenientes el resto del tiempo.
Medido sobre pedreiraestudio.com, una web nuestra a medida
Lo que ganas con una web a medida
Velocidad que no se degrada
En una web a medida el navegador descarga solo lo que esa página necesita. No hay biblioteca de carruseles cargándose en la página de contacto porque el tema la trae de serie, ni tres sistemas de formularios compitiendo. La web de arquitectura que enlazamos arriba carga en 0,8 segundos enseñando 53 fotografías de obra, que es el peor escenario posible para el rendimiento.
Y esto no es solo comodidad: la velocidad es factor de posicionamiento en Google y afecta directamente a cuánta gente te escribe. Cada segundo de más cuesta conversiones medibles.
Diseño sin techo
Con una plantilla trabajas dentro de lo que su autor previó, y antes o después toca renunciar a algo o pelearse con una hoja de estilos ajena. Programando desde cero, ninguna decisión estética queda fuera de tu alcance: la web se adapta a tu marca en vez de que tu marca se adapte a la plantilla. Y no se parece a las otras cuatro mil webs que usan ese mismo tema.
Nada que actualizar cada mes
Una instalación típica de WordPress suma el núcleo, un tema comercial y entre ocho y quince plugins, cada uno mantenido por gente distinta con su propio calendario. La seguridad del conjunto la marca la pieza más descuidada. Una web estática a medida no tiene panel de administración ni base de datos que consultar: el servidor entrega archivos ya construidos. Hay muchísimo menos por donde entrar, y no depende de que alguien se acuerde de actualizar.
Es tuya de verdad
El código, el dominio y los accesos van a tu nombre. Si mañana quieres cambiar de proveedor, te llevas la web. Sin plataformas propietarias, sin permanencias y sin descubrir a los dos años que lo que pagaste era un alquiler.
Aguanta el tiempo
Con cuatro dependencias en lugar de veinte, dentro de tres años esa web seguirá compilando exactamente igual. No hay plugin abandonado que rompa la portada tras una actualización rutinaria, que es la avería más común y más absurda de WordPress.
WordPress te da una web montada con piezas de otros. A medida te da una web construida para ti, que es tuya y que no depende de nadie más.
La diferencia en una frase
Comparado por criterios, no por eslóganes
Ocho filas, y la única en la que WordPress gana con claridad es la última. Merece un apartado propio porque es la objeción legítima, y tiene solución.
El coste real a tres años
El precio inicial engaña porque las dos opciones reparten el gasto de forma distinta: a medida concentra el coste al principio, WordPress lo trocea en cuotas que no dejan de correr.
- WordPress: precio inicial más bajo, y después tema de pago, plugins premium con renovación anual, hosting y una cuota de mantenimiento que en agencia suele ir de 40 a 80 € al mes.
- A medida: precio inicial más alto y después hosting (50 € al año en nuestro caso) más el dominio anual. Ni una licencia.
Multiplica esa cuota por 36 meses antes de decidir. En cuanto la web pasa del año y medio de vida, el gasto recurrente de WordPress suele comerse la diferencia inicial y adelantarla. Lo desarrollamos con números en el artículo sobre cuánto cuesta una web para una pyme.
La objeción real: ¿quién cambia los textos?
Es la pregunta que decide, y la respuesta honesta es que depende de lo que se haya previsto al construirla, no de la tecnología. Hay tres montajes posibles:
Contenido fijo en el código
Los textos viven en el proyecto y cambiarlos requiere a quien lo programó. Tiene sentido para lo que no cambia: tus servicios, tu historia, tus datos. Reconozcámoslo, una web así no la edita el cliente.
Las partes vivas, separadas
Blog, portfolio, catálogo o equipo salen de un archivo de datos independiente, y añadir una entrada no toca ninguna página. Es lo que hicimos en la web de un estudio de arquitectura: la galería, los filtros y las 22 fichas de proyecto salen todas del mismo archivo.
Gestor de contenidos desacoplado
Un panel de edición externo, conectado a la web pero sin formar parte de ella: editas cómodamente y la web sigue siendo estática y rápida. Lo más flexible, y solo compensa si vas a publicar de verdad a menudo.
Cuándo sí elegir WordPress
Para que esto no sea un panfleto, dos casos en los que nosotros mismos te diríamos que no nos contrates:
- Publicas varias veces por semana con más de una persona escribiendo. Un medio, una revista de sector, un blog con redactores. Necesitas usuarios con permisos, borradores y programación de entradas, y WordPress lleva veinte años puliendo justo eso.
- Tienes un catálogo enorme con stock, variantes y devoluciones. WooCommerce trae resuelto un trabajo que construir desde cero sería tirar dinero.
Fuera de esos dos escenarios, la ventaja de WordPress se reduce a poder tocar los textos tú mismo, y eso, como acabamos de ver, también se resuelve a medida sin arrastrar el resto de la carga.
Tabla de decisión
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